“La tierra que no está en ninguna parte”


Miniaturas sobre ramas de madroño
90 x 80 x 28 cm


¿A dónde me voy tras salir de casa? El éxodo propio es un camino ajeno, un laberinto de

muros con púas y puentes incendiados. Regresar a la cuna es una derrota, sólo queda andar a ciegas o sentarse en la banqueta a esperar a que se abra alguna puerta. Atrás permanecen las voces de los fantasmas que no lograron huir, delante se abren dos paisajes: uno terrible con la certeza de enemigos, donde los ríos son trampas y las montañas fronteras, las aves delatan, los perros arrinconan y las llamas del fuego se extienden para expulsar; y otro donde las hojas caen de los árboles para trazar veredas, en cada cueva hay un hogar, en cada charco un manantial, flores en las huellas. Existe una alianza secreta entre todos los que extrañamos algo que no podemos tocar.


“La sed”

Exhibida en la Bodega de Salón Acme, CDMX, México, 2024.

Tronco realizado con cartonería, forrado con corteza de árbol, con un paisaje interior con 43 miniaturas de insectos luchando por un charco de agua.
22 cm x 70 cm x 25 cm.


Hay una herida que permea todos los escenarios. No sólo se manifiesta en los reiterativos abusos que surgen cuando dos culturas se enfrentan, también al interior de comunidades, familias, relaciones íntimas. Es posible inducir que se replica a niveles cósmicos y que ahí reside la fuerza gravitatoria con la que una estrella atrae planetas para devorarlos. De igual manera, los mismos ultrajes, apetitos insaciables y juegos de poder ocurren al interior de estructuras impenetrables, como el tronco de un árbol. La propuesta es replantear los problemas manoseados por lo cotidiano y buscar una vereda de escape a los patrones heredados y fortalecidos generación tras generación.




“El interior, algo absolutamente necesario A.G.”

Escultura con miniaturas, lupa y luz.
25 x 35 x 17 cm.

Exhibida en La Nao galería y en la Feria de Arte Salón Acme (2023-2024).

En colaboración con Chavis Mármol.

Esta pieza propone un juego donde al asomarnos al interior de un panal encontramos una avispa esculpiendo en su taller de escultura, inspirado en el taller de Alberto Giacometti. Establece a la naturaleza como origen de la imaginación humana y crea una espiral de intención fractal que ahonda en la realidad sin participar en ella.